Hay momentos en que todo se llena de recuerdos.

Sales de casa y, tras cerrar la puerta, todo parece que ha cambiado. Igual es la brisa que trae un olor que hacía mucho tiempo no recordabas, el calor que te hace sentir un agradable escalofrío y pone una sonrisa en los labios. Incluso la luz es distinta.

Comienzas a andar y notas que tienes algo, un brillo diferente a otros días. Caminas más erguido, con la cabeza más despejada y los sonidos son más claros.

Tus ojos miran más allá de lo habitual y sientes que tienes “algo” que llama la atención de los demás. Te ven, te sonríen… algún gesto insinuante.

Tú sólo caminas y lo observas todo como si tuvieras una cámara de video. Aquella esquina donde quedaste una vez, la cafetería donde leíste hasta la madrugada. La calle por la que tantas veces pasaste y en la que no te fijaste en algún detalle.

Caminas, caminas y cada vez te fijas más en todo. Y comienzan a fluir más recuerdos, amigos, amores, gente, locales, horas perdidas, olores… todo fluye.

Te das cuenta de lo vivido, del tiempo que ha pasado, pero sientes de modo diferente. Son recuerdos de una vida de la que hay más que exprimir.

Abrazos literarios.

Alejandro Guillán.

27 Infinitos

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