Bajamar.
Retrocedió todo a nuestros pies. 
Se alejó tu voz, 
tu tacto, 
esa presencia en todo lo que me rodeaba. 
Descubrí todo lo que te llevaste, 
dejando únicamente recuerdos, 
esperanzas inexistentes 
y lágrimas. 
También reconocí una certeza 
que detuvo mis pies, 
cambiando la perspectiva 
y recomponiéndome. 
Nada quedó de ti, 
ni tu ropa 
ni tu aroma. 
Nada que te recordara. 
De mí no te llevaste nada, 
incluso recuperé objetos 
que jamás pensé volver a ver 
o que ni sabía que los tenías. 
Esa fue la señal definitiva, 
lo que hizo bajar los latidos. 
Lo que sí es seguro,
sentado frente al mar, 
es que nunca estuve en ti ni contigo… 
Eso llegó con cada ola a la orilla. 
Por eso no hay dolor, 
porque sólo lo hay 
si eres parte de otra persona. 
La marea sube 
y con ella mi adiós para siempre.

Alejandro Guillán

27 Infinitos

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