He visto tu luz cuando aún no había amanecido 
y jugué con las sombras de mis manos en tu piel, 
descubriendo contrastes en los claroscuros, 
percibiendo tu respiración acompasada en el silencio.

El brillo de los faros de los coches, 
tras la ventana, 
distorsionando las formas que hay en el cuarto, 
proyectando perfiles de todo lo que me rodea. 
Fotogramas creados por su paso acompasado.

Estoy quieto, 
detenido a tu lado y… nada. 
Debería estar acostado a tu lado, 
dormido, 
pero pienso, sentado en el borde la cama, 
que éste ya no es mi sitio y que jamás lo fue.

Recojo mi ropa, 
me visto en silencio y, 
antes de cerrar la puerta detrás de mí, 
sé que ésta no se volverá a abrir, 
sé que no llamarás para saber dónde estoy.

Abrazos literarios

Alejandro Guillán

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