Perdí mi alma
No la vendí al diablo.
Soló la dejé atrás y no volví por ella.
Quizá el error fue no regresar sobre lo andado,
pero ya es tarde para arrepentimientos.

 
Llevo la marca grabada en la piel
y reconozco las miradas de rechazo.
Si en algún momento creí poder salvarme,
ahora sé que ya es demasiado tarde…
o no.

 
Cometí el error de dejar de ser yo mismo,
de creer en aquello que sabía que no debía,
pero lo hice con conocimiento de causa.
Desoí a quien me quiso ayudar,
repudié a quien me quiso amar
y blasfemé contra quien quiso aconsejarme.

 
El camino llano se hizo cuesta,
el mar en calma se convirtió en girones de oleaje,
el cielo lloró al saber que me perdía
y el aire se encrespó para batirse en retirada.
No quedó un lugar donde guarecerme…
Nada.

 
En las calles estridentes el tráfico dejó de circular
y quedó el silencio como lo presente.
Era mi condena por renunciar a todo en lo que creía,
por no ver más a allá de lo que perdía…
y renuncié.

 
Dejé de contar los años y el significado de eternidad.
No había tiempo, sólo espacio, 
recuerdos infinitos que se iban perdiendo 
uno detrás de otro, uno detrás de otro,
uno tras otro.

 
Perdí mi alma.
No la vendí al diablo.
Soló la dejé atrás y no volví por ella.
Quizá el error fue no regresar sobre lo andado,
pero ya es tarde para arrepentirse.

Abrazos literarios.

Alejandro Guillán

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