Vacaciones 10, rutódromo: Estella-Utrera-Sevilla-Barcelona-Sant Pol de Mar-Estella

 

Y capítulo IV

 

 

Un nuevo día amanece y el frenetismo de la ducha, las piernas y el desayuno cafetero vuelve por última vez.

El coche lleno de equipaje a lo “paso del estrecho”, lleno de gente: el papa, la mama, la tía, la Susana y el menda lerenda —a lo metro de Tokio— y empuja, puja, puja, puja, ya, ya, ya, ya… ¡Cierra, cierra! Camino del aeropuerto de Sevilla. Por cierto, ya podían tener mejor indicación los carteles de carretera y autovía. Casi nos perdemos…, pero entre todo el clan conseguimos guiarnos hasta donde aterrizan los “pájaros de hierro”.

Despedidas. Ellos a Vigo, nosotros dos a Barna.

1200 kilómetros de autovía, parando cada cierto tiempo para descansar, la zagalaaaaa, kia, kia, kia y el que escribe estas líneas. Autopista catalana que, por cierto, te meten una puñalada en el “canut” que te dejan tibio por unos pocos kilómetros. Ya se sabe, “la pela es la pela”.

La llegada es nocturna, el cansancio no te cuento. Estamos en el “Allenroc” de los Estopa y no sabemos cómo llegar a Corberá de Llobregat. Y venga vueltas y pensando y venga a indagar y el coche lleno de mierda que da asco verlo —unas ganas de lavarlo que para qué—. Corberá que no aparece ni pa´tras. ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Estamos cansados, sudorosos… ¡Qué asco! Pero qué preciosos estamos. Por fin una patrulla de los Moços y la mala noticia.

No, no. Corberá está a tomar por el saco a 20 kilómetros de Barna. Teníamos que habernos desviado hacia Lleida-Tarragona. Dale marcha atrás, con calma, exhaustos, pero con ánimo. Y para allá vamos. Nos desviamos por dónde nos indicaron los amables agentes y, amablemente, nos mandaron al quinto pimiento. Vaya, una oficina de la policía en “no sé dónde” y nos indican por una cuesta del carajo por la que subimos y… termina en un ¿muro? Venga para atrás y nos encontramos con un chavalote. Sufrimos en silencio, le rogamos que nos indique y dice: nada, otra vez para arriba y cuando encontréis el muro seguís, “pa´lante”, y, después de todas las curvas, estáis en Corberá.

Vale, convencidos.  Subimos y vemos, a la izquierda del muro una oscuridad nocturna en la que se intuye que la calle sigue hacia una carretera y, con miedo, la seguimos conduciendo por unas curvas de ciclismo de nivel 8 de pendiente por lo menos, más vueltas y revueltas que un molino, montaña, ni una puñetera farola, veinte minutos de incertidumbre y miedo, por si aparece la niña de la curva y, cuando ya estábamos con las tripas para afuera de las curvas… ¡Tachán! Corberá de Llobregat de repente, sin avisar y a pelo. Vemos la comisaria del pueblo, preguntamos por el hotel y a los cinco minutos estamos en él.

La verdad, es un poco diferente a cómo lo miramos por la web. Un hotel familiar, pero sacado de una españolada de los 70. Solo falta Alfredo Landa, boina calada, recién llegado a la gran ciudad desde el pueblo y Arturo Fernández atacando a una alemana “¡Chatina!”, todo engominado con su traje de pinzas y figura chapó al 100%.

La habitación, grande y limpia, con tele y dos camas que forman una enorme en la que te puedes perder. Pero sólo nos interesa una cosa. Ducharnos y descansar. Nos duchamos y cuando nos acostamos, al segundo beso y te quiero, nos quedamos roques, fritos, dormidos, etc…, hasta la mañana siguiente

Up, up, up… ¡Arriba! Un Nuevo día amanece. Las vistas desde la terraza de la habitación, totales. La ducha sienta de maravilla.

Desayuno en la cafetería del hotel, 12€, telita, telita. No están ni Alfredo Landa ni Arturo “Chatina” Fernández. El “pantumaca” con queso, rico, rico, rico y con fundamento y el periódico al lado de… ¡Ostias! Un montón de revistas de Atalaya. Sospechoso y da una idea de la esencia del hotel y la presencia de sus empleados. Creo que Iker Jiménez ha hecho alguna visita allí para su programa.

Día despejado, calor, tráfico hasta Barna. Destino: Las Ramblas y el Barrio Gótico. Comienzan los recuerdos.

Aparece Plaza Cataluña. Tras aparcar, entramos en las Ramblas. Gente a montones. Ojito con los carteristas. Comienza el espectáculo: tiendas de “souvenirs”, pájaros, peces, estatuas —mi hada de la suerte sigue allí—, el duende verde maleducado, un trol, un orco, un motorista, una princesa triste, puestos de flores… me encanta.

¡Aaaaalto! El Mercat de la Boquería. Ella es mi guía particular. Lo primero, un zumito natural. Ella kiwi y el mío de fresa, de uno de los múltiples puestos que los ofrecen. Un eurito, la pajita y a calmar la sed. Fotos, fotos, fotos, colores, sabores, olores… Esto es una maravilla y, más, disfrutarlo con ella. Durante un rato me pierdo en los puestos, ella me sigue pero me deja a mi aire para que disfrute y me deje llevar por el objetivo.

Al salir nos vamos por unas callejuelas, la zona del Rabal, con sus tiendas de ropa de autor y objetos y complementos varios, hasta el MACBA. Allí, me cuenta, que por la noche hierve la plaza con la música “break”. Los monopatines se deslizan por el suelo de piedra… Todo es una exhibición de lo mejor de cada uno. Incluso me dice que vienen de otros países para bailar, “monopatizar” e intercambiar. Me imagino que internet une y acerca también físicamente, sino cómo se explica este encuentro multicultural y racial. Todo lo que no sea disfrutar, crear… está por encima de la religión, la política, la ideología.

Después del momento MACBA encontramos en una calle un pequeño local de comida turca, con camarero libanés, toque personal. Comida rica, dulces árabes de postre y té fresco. El camarero tuvo el detalle de regalarle un dulce a ella con base de cacahuete picado. Mmmmmmmmmmmmmmm, comiendo como payasos, riendo felices.

Por la tarde, teletrasportación a la catedral de Barcelona, pasando otra vez por las ramblas y el dragoncito-farola de Gaudí en la esquina del edificio. 5€ y para adentro de la catedral. ¡Qué pasada! Venga para un lado, foto; venga para el otro, foto; la cripta, foto; las capillitas, foto; subida al tejado de la catedral en el ascensor, foto de las vistas, sentarme con ella a disfrutar del aire —me encantan sus ojos—; bajar, un coro cantando en el altar, salida al patio interior, más fotos.

Parece rápido, pero todo discurre con calma, de la mano. Poco a poco cae la tarde, suave y en poco rato nos recogemos para volver a Corberá. Un día para guardar siempre en el recuerdo.

Estamos tranquilos, ella duerme mientras conduzco. Llegamos al hotel, buenas noches, te quieros. Ni siquiera sé cuándo nos dormidos, pero sí cómo: enroscados, como siempre.

Otro día más en el paraíso Corbereño, con sus montañas, su habitación de españolada con Carmen Sevilla, Lina Morgan, Paco Martínez Soria buscando a Chencho por las habitaciones del hotel y el Arturo “Chatina” Fernández detrás de la alemana de las narices.

Tras el desayuno “atalayero”, muy bueno por cierto y con mejor servicio, disfrutamos de la piscina para nosotros solos durante parte de mañana.

Tras ello, nos cambiamos y… venga camino otra vez de Barna a disfrutar de una comida de infarto en un local especial. “BUFETE LIBRE, 8´95€: COMA TODO LO QUE PUEDA”. Lo intentamos, pero fue imposible. No pudimos comerlo todo, jajaja. Acabamos reventados, hinchados y caminando lento, como astronautas: un pequeño paso para nosotros, un gran paso para llegar al coche… que está muuuuuuuuuuuy lejos con todo lo que llevamos en el estómago. ¡Bufffffffffffffffff!

Cochecito, cochecito… ¿A dónde nos llevas ahora? Parc Güell, of course, si vous plau. Allí vamos y los recuerdos se nos agolpan. Es difícil pensar en tu pasado y en ella. Da igual. La quiero y el resto no importa.

Es increíble, de verdad. La descripción sería como engañar. Hay que estar, vivirlo y encontrar tu rincón, sea donde el “lagarto juancho”, sea en la zona de columnas, viendo flores o lo que sea. Cada uno ha de buscar su lugar en el Parc Güell. Yo ya tengo el mío pero no lo voy a compartir, sorry.

Después de la larga visita una última parada en el día: Sant Pol de Mar. Mágico. Recuerdo el pueblo nítidamente. Fue poco tiempo. Aclaraciones, declaraciones y demostraciones. Todo parece fluir. Mi tía comprende, pero no dejará de preocuparse. No lo hagas nunca. Yo no lo voy a hacer.

Retornamos, como el Jedi, a Corberá. Un día intenso una noche de abrazos y descanso. No me cansaré nunca ella. Buenas noches enroscadas. Besos, muchos besos.

Falta un día que no apuntaré, ya que se refiere a mudanza y traslado. Ir de aquí a allá, con todo el trajín de embalajes y desembalajes y despedidas y encuentros.

Todo se hizo como se debía hacer. Ahora estamos cómo y dónde queremos estar. Sin más. Continuando, retomando y viviendo lo mejor de la vida, compartiendo lo mejor de cada uno y, sobre todo, siendo felices.

Fin del diario de unas vacaciones, las mejores de mi vida.

Posdata: el Vaticano guarda dos cuadros de Jesucristo en los que, vestido con escafandra, a lo buzo marinero, asciende con dos extraterrestres a una nave (¿Robert de Niro y Cuba G. Junior?). Juro solemnemente que me lo ha contado una persona cercana como una verdad absoluta, en serio. ¿Sabe algo de esto Iker Jiménez? Por lo de pronto, el padre ella, ella y yo le escuchamos “ojipláticos”. Que lo creamos o lo tomemos en serio… es otra cosa.

Hay que joderse con los X-Files.

Abrazos literarios.

© 27 Infinitos

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