(Vacaciones 10, rutódromo: Estella-Utrera-Sevilla-Barcelona-Sant Pol de Mar-Estella)

 

Capítulo II

 

La noche pasa sin insectos. A levantarse toca, temprano. Cada uno a su ritmo, pero rápido, que hay que hacer la compra, que hay que ver de “tó” y más. ¡Dios que estrés…! Es lo que tienen las vacaciones. A desayunar un café, a ducharse por turnos de llegada. Muchas piernas, ropa, prisa, coches y… en marcha para Utrera.

 

Salimos muy temprano, así que primero nos vamos a buscar aceite de oliva virgen, a modo de recuerdo, y luego, a hacer la compra para estos días: mucha ensalada, tomate… productos de la tierra, “to” muy natural para la “salú”. Me encanta el ritmo de la compra. La gente aquí no se anda con gaitas. Comprar lo que quiere sin hacerse el remolón, sin pararse. Saben lo que quieren, pagan y adiós, pero con amabilidad, cortesía y olé. Me está cambiando la imagen de los andaluces. Aunque me imagino que dependerá de dónde te encuentres.

 

La basílica de la Virgen de la Consolación es la segunda etapa. Mucha devoción, enfermedades malas curadas milagrosamente, motoristas devotos para evitar una ostia contra el quitamiedos o, dada la ostia, que la recuperación sea sin secuelas. Incluso el Sevilla o el Betis “man que pierda”, no sé cuál de los dos, van allí a dar la ofrenda si ganan algo —¡¡“Ozú, viva la Virgen de la Consolación”!!—.

 

Recuerdos en forma de donativos, cuadros pintados, fotografías de la virgen, tiendecita de recuerdos de la Consolación dentro de la iglesia —esto no me gusta nada—. Lo que me alucina del lugar, al igual que la arquitectura, madera, relieves, influencia árabe con estrellas mágicas en su decoración y arcos…, preciosa de verdad, es el lagarto Juancho, enorme, que tienen momificado y colgado. El más milagroso de los lagartos, que sacaron de un pozo situado en un cuarto de la basílica. Yo me pregunto… ¿Nadie se ha dado cuenta de que el “lagarto” parece un pedazo de cocodrilo que acojona solo verlo? Ya me imagino al Cocodrilo Dandi utrereño sacándolo del pozo, con su chaleco y sombreo de cow boy lleno de colmillos, poniéndole los dedos delante de los ojos en forma de cuernos para hipnotizarlo… pero acojonado. Os aseguro que, si no se comió al cow boy utrereño cuando lo sacaron del pozo de las narices, eso sí que es un milagro, porque el cocodrilo-lagarto-Juancho, sin cabeza, que le falta, acojona de verdad.

 

Utrera, la “caló de las narices”, casas bajas, los pisos como mucho arte, fachadas claras, balcones, calles estrechas, algunas con flores, la gente por la sombra. La mamá de Susana y ella se adentran en el fantástico mundo del escaparate utrereño. El papá de Susana y yo no adentramos en oscuro mundo de las Hermandades. Jo, tal como lo escribo parece que vamos a hacer una especie de ritual de iniciación o algo macabro… ni mucho menos.

 

La hermandad del “Cristo Cautivo”. El papá de ella combina su devoción religiosa con la artística. Después de ver la iglesia de este Cristo y grabarla en video, entro con él en la Hermandad. La gente educada, amable y nos enseñan todo. El manto de la Virgen, el diseño del paso, la alpaca plateada, el proyecto del paso, orgullosos. Este Paso es silencioso: 50 devotos sosteniendo 2500 kg por las calles, nazarenos con sus pedazos de velas, gente que se ha ofrecido con las bolas y grilletes a los pies, descalzos y sangrando, flagelos… Y todo en silencio. Ni tararí, ni tarará, ni orquesta, ni soleá, ni ostias. Ni una sola boca dice nada y la respiración muy controlada. Hasta las moscas dejan de zumbar por respeto al Cautivo y a la Virgen. Lo pienso, sí, y algo cambia en mí. No creo demasiado en la iglesia, sí en Dios, Jesucristo, pero veo esta gente, como te describe aquello que llevarán sobre sus hombros y te hace pensar en más cosas. Llevo las estampitas de la Virgen y el Cristo en el coche. La primera vez.

 

Al salir, tras llamada de la “zagalaaaaaaaaaaaa”, jajaja, nos encontramos con ellas. Se habían aburrido de escaparatear y, además, no tenían ni idea de dónde estábamos. Paseamos todos juntos para no perdernos, llamándonos la atención un interior de un negocio de antigüedades, que más bien parece un patio de una casa privada, precioso. Se nos hace tarde y volvemos a la casa de los tíos de ella. Hora de comer.

 

A la tarde, sesión Sevilla. De paseo por la parte turística: el Parque de Mª Luisa, la Catedral, etc. Vamos en grupo, la familia. Es divertido, fotos – clash-clash-, todo un poco rápido, en plan turista: aquí la catedral, foto, la torre del oro, foto, el patio de tal, foto, la escultura de cual, foto. Una chica sentada en el suelo del balcón por “la caló”, Mi mujer la ve como yo lo hago, bonita foto. Otros turistas en carro tirado por caballos y el conductor caracterizado con la indumentaria típica. Vemos otro carro con una pareja de novios, dos conductores vestidos de gala, foto-foto-foto. Y, después de un rato, un café y poco más… a casa a cenar.

 

El papá de mi mujer, ella y yo intrigamos después de la cena. Al día siguiente, los tres solos a Sevilla, a nuestra bola, para sacar fotos y conocer mejor la parte antigua. Cuanta menos gente, más libertad para ver más cosas.

 

De nuevo, en nuestra habitación de siete estrellas particular, me enrosco en ella y mi cuerpo se relaja, después de la tensión del síndrome del turista, al sentir su piel. Dormimos abrazados, como siempre lo hemos hecho. Sintiendo el latido del otro. Buenas noches con te quieros y besos de mis labios a los suyos.

Abrazos literarios.

© 27 Infinitos

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