La ortografía y la gramática sirven, junto con el aprendizaje de vocabulario, para hablar y escribir un idioma, pero, sobre todo, para entenderse. Es así de simple.

Si cada uno de nosotros escribiera como lo diera la gana y de la forma que quisiera, jamás podríamos comprendernos. Por eso hay reglas que aplicamos todos, con mayor o peor fortuna, pero que consiguen que aquello que decimos y escribimos sea entendible.

Lo mejor, para entenderlo, es un pequeño ejemplo.

 

Una noshe estrana

 

 

Despues de degar la kasa recohida, sali de kasa, pero extaba seguro de que avía algo que no encajaba cuando estaba en la calle Kaminava por la zera para despeharme un poko y estirar las piernas sin emvargo, tenia la zenszatión de zentirme oserbado, no podía dezir por kien o porke, pero lo estava lo que devia ser un momento para sentirme mehor, komenzo a bolberse algo perturvador, aljo inkomodo mire barias vezes hacia atraz e inkluso al otro lado de la kalle nada de nada deveria de pensar en la manida frase de “son tonterías” o “imajinaziones míaz”, pero sabía que era algo más, una intuisioin ke no podia definir kon palabras peroque pa mi, tenia mas ke zentio un paso tras otro, una kalle tra otra y la senzacion de sentir ke no estaba solo aumentava fue entonces, al doblar una eskina, que lo vi un ombre estaba en medio de la cera, kieto y parao no era capas de identififar su roztro, no sabia si por la poka lus o la demasiada oskuridad no savia muy bien ke jacer y decidi kruzar la cera akel indibiduo estava en la cera en la ke me enkontraba con el mismo jesto y la misma atitud antes sikiera que me diera cuenta, comenso a korrer azia mi kedé parao sin zaber que jacer no era capas de divinar su roztro por maz ke sacercaba y mi kuerpo no reacionava kuando iva a chocar comigo cere los ojos intentando asi crellendo inutilmente que lo ebitaria o doleria menos no ocurrio eso tarde unos segundos en dalme kuenta que nada ni nadie había chocao comigo tamien sentia kierto calor en la kara, como si huera de dia e incluso, un aire kalido parecía banar mi cuerpo abri los olloos y era de dia un dia de berano estaba hunto a una plalla, con el mar en kalma, aunque con un lijero oleage el kolor berde del agua contrastava con la arena blanca y el azul del cielo no entendia muy bien el porké de lo que estaba sucediendo, pero no sentía extrano incómodo o asustado solo disfrutaba de aquel instante, sin más, sin pensar en el tiempo que tendría que estar allí o el que llevava. Aora que lo pensava kuanto tiempo llevava alli estaba disfrutando de akel instante, de simplemente “estar” bolbi a cerrar los ojos y kuando los volví a avrir, de nuebo estava en aquella cera, de noche, notando algo de frío y la cara de akel indibiduo sin rostro frente a mi quieto, parado, en silencio se acerko mas asta que estubo seguro de ke no tenía roztro pero no zentia miedo me avlo bibe y tal como avía yegado, se fue, desapareció de la misma forma que nos encontramos bolbi a mi apartamentos estava amaneziendo. Las joras en akel lugar pasavan a distinta velocidad un par de horas después llamé a la agencia de viajes unos días después estaba frente a una plalla y, kuando me kise dar kuenta, era la que avia sonado o bibido akella noche depues de aquel biahebibi

 

Una noche extraña

 

 

Después de dejar la casa recogida, salí de casa, pero estaba seguro de que había algo que no encajaba cuando estaba en la calle. Caminaba por la acera para despejarme un poco y estirar un poco las piernas. Sin embargo, tenía la sensación de sentirme observado, no podía decir por quién o por qué, pero lo estaba.

Lo que debía ser un momento para sentirme mejor, comenzó a volverse algo perturbador, algo incómodo. Miré varias veces hacia atrás e, incluso, al otro lado de la calle. Nada de nada. Debería de pensar en la manida frase de “son tonterías” o “imaginaciones mías”, pero sabía que era algo más, una intuición que no podía definir con palabras, pero que, para mí, tenía más que sentido.

Un paso tras otro, una calle tras otra y la sensación de sentir que no estaba solo aumentaba. Fue entonces, al doblar una esquina, que lo vi.

Un hombre estaba en medio de la acera, quieto y parado. No era capaz de identificar su rostro, no sabía si por la poca luz o la demasiada oscuridad. No sabía muy bien qué hacer y decidí cruzar la acera. Aquel individuo estaba en la acera en la que me encontraba con el mismo gesto y la misma actitud.

Antes siquiera que me diera cuenta, comenzó a correr hacia mí. Me quedé parado sin saber qué hacer. No era capaz de adivinar su rostro por más que se acercaba y mi cuerpo no reaccionaba. Cuando iba a chocar conmigo cerré los ojos, intentando así, creyendo inútilmente, que lo evitaría o dolería menos.

No ocurrió eso.

Tardé unos segundos en darme cuenta que nada ni nadie había chocado conmigo. También sentía cierto calor en la cara, como si fuera de día e, incluso, un airé cálido parecía bañar mi cuerpo.

Abrí los ojos y era de día, un día de verano. Estaba frente a una playa, con el mar en calma, aunque con un ligero oleaje. El color verde del agua contrastaba con la arena blanca y el azul del cielo.

No entendía muy bien el porqué de lo que estaba sucediendo, pero no me sentía extraño, incómodo o asustado. Sólo disfrutaba de aquel instante, sin más, sin pensar en el tiempo que tendría que estar allí o el que llevaba. Ahora que lo pensaba… ¿Cuánto tiempo llevaba allí?

Estaba disfrutando de aquel instante, de simplemente “estar”. Volví a cerrar los ojos y, cuando los abrir, de nuevo estaba en aquella acera, de noche, notando algo de frío y la cara de aquel individuo sin rostro frente a mí, quieto, parado, en silencio.

Se acercó más, hasta que estuve seguro de que no tenía rostro, pero no sentía miedo. Me habló.

Vive.

Y tal como había llegado, se fue. Desapareció de la misma forma que nos encontramos.

Volví a mi apartamento. Estaba amaneciendo. Las horas en aquel lugar pasaban a distinta velocidad. Un par de horas después llamé a la agencia de viajes. Unos días después estaba frente a una playa y, cuando me quise dar cuenta, descubrí que era la que había soñado o vivido aquella noche.

Después de aquel viaje, viví.

© 27 Infinitos

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