Paseando cerca del río, que fluía tranquilo, había una flor que guardaba varias gotas, aún, del rocío de la mañana, que el beso del sol iba secando.

Me acerqué a ella y observé que la perfección de la flor estaba en que uno de sus pétalos mostraba el comienzo de lo marchito. Era como un mandala. La flor se moría y, al mismo tiempo, emanaba toda la belleza de su color y aroma.

Al momento, un insecto se posó sobre ella, recorrió sus pétalos, libó del agua del rocío y se impregno del polen de la flor. Salió volando casi sin que tuviese tiempo de fijarme en su forma. Parte de la flor se fue con aquel insecto, para renacer como flores nuevas en otro lugar.

Me fui, no sin antes volver a oler por última vez el aroma de esa flor.

© 27 Infinitos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .