En su momento escribí en una libreta de bolsillo una frase que ya no recordaba. No sé de quién es. Supongo que de algún personaje célebre.

Ayer, mi mujer, mientras colocábamos en una estantería libros traídos con el final de la mudanza, encontró la libreta y recuperé la frase. Dice así:

“Sólo hay algo más fuerte que el amor a la libertad: el odio a quien te la quita”

No había caído en la cuenta de lo directo de la frase.

Siempre había pensado que la libertad, algo esencial en mi vida, era algo que nadie puede arrebatarte. Sin embargo, reflexionando, es cierto.

Podíamos enmarcar la frase en algo muy concreto: una guerra, la tortura, el secuestro, el maltrato, la censura… muchos sustantivos con connotaciones más que negativas. Pero, ¿y si nos olvidamos de estos y vamos un poco más allá? Sólo un poco. La libertad desde el punto de vista de lo personal, de las sensaciones, de lo que a uno le hace ser único con respecto a los demás.

Yo me siento libre. Sin embargo, he renunciado a parte de esa libertad para compartir mi vida con otra persona. El resultado es una libertad mayor, ya que la recibo de mi pareja y ella de mí. Compartimos una vida en la que, realmente, nada nos ata al otro y, aun así, sentimos que la otra persona nos completa. Es por ello que mi libertad, mi vida, está completa, más rica, con más vida.

No puedo negar que la soledad, en parte, te hace sentir libre, muy libre. Haces lo que quieres, entre comillas, ya que depende de tu capacidad personal, social y económica en la sociedad en la que vivimos, el entorno en el cuál nos relacionamos. Además, las posibilidades de conocer otras personas, sin tener que exponerse a ser pareja, son infinitas, además de las relaciones íntimas que surgen.

Dicho esto, creo que, aunque la libertad personal es importante, realmente no es completa debido a la sensación de soledad que, cada vez con más intensidad, se acerca a ti; y más cuantos más años se tienen, con lo que la sensación de frustración, poco a poco, va imponiéndose dentro de nosotros. Ello no quiere decir que no haya personas felices estando solas… las hay, tras un proceso catártico vital y emocional.

Con esto quiero decir que siento que, si alguien me quitara la libertad personal, la esencial, la sensitiva, la que me hace único como persona, si podría odiarlo de verdad. Que me quitaran la libertad física, de movimiento, de palabra… incluso la vida no haría que odiara de la misma manera, ya que es algo que no puedo controlar. Depende de la decisión de alguien que no sabe quién soy ni le importa. La vida te la pueden arrebatar cruzando la calle o tras un infarto mientras tomas un plato de sopa en el bar de la esquina.

Un ejemplo: ¿qué odiarías con más fuerza, ver por la televisión cómo encarcelan a alguien que ha cometido 8 asesinatos o a tu pareja si entraras en casa y te dijera que te deja por tu mejor amigo? Para mí está claro: lo segundo porque he depositado mi confianza, mi libertad en sus manos y se la lleva, dejándome sin nada.

En conclusión, diré que parte de mi libertad me fue arrebata y odié por ello mucho más. Ahora mi libertad es parte de otra persona a la que amo. Y sé que ya no odio, he aprendido que odiando no vives y no sabrás descubrir lo mejor de ti mismo.

Abrazos literarios.

© 27 Infinitos

Un comentario en “La libreta en mi bolsillo

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