El otro día me crucé con mi ex. Estaba cerca de doblar una esquina de una calle del centro, que daba a una principal peatonal, cuando fue ella la que lo hizo antes, en dirección hacia mí. Pasó de largo sin detenerse y haciendo que no me reconocía, amparándose en el móvil que tenía a la altura de su oreja.

Sé que me reconoció porque no soy precisamente pequeño, porque casi tropezamos y porque su mirada la delató. Es lo que tiene conocer esos pequeños gestos, que he visto repetidos en cientos de personas, puede que en miles, que he observado tomando algo en una terraza o recorriendo las calles de mi ciudad.

El ligero latigazo eléctrico por el encuentro inesperado es inevitable. Tras lo ocurrido, tras el hecho en sí, aquella esquina me llamó la atención y me pregunté:  si el que hubiera llegado hasta esa esquina fuera otra persona, ¿quien hubiera aparecido sería también su ex?

Creo que las esquinas de las calles, que estoy seguro de que no existen sólo para para ser dobladas por personas, son puertas a lo mágico. Son puntos estratégicos en los que nos podemos sorprender, que pueden marcarnos para siempre o ser una maldición en otras ocasiones.

¿Es el destino el que dicta quién dobla la esquina en un momento concreto o es la casualidad? ¿Existen realmente esos hilos invisibles que unen a las personas y que, finalmente, terminan por hacerlas coincidir gracias a esa conexión? ¿Existen esquinas paralelas?

Seguramente, para la mayoría de los mortales no son más que algo necesario en las arquitecturas de las construcciones, en la mayoría de las ocasiones, pero yo pienso que no. Yo creo que son un elemento construido para fines que muchos pueden intuir como extraños: son los ángulos perfectos para disimular nuestras miradas al observar a alguien que esté ligeramente cerca; ese punto en el que el asesino espera a su víctima; ese lugar en el que el enamorado se esconde de la mujer que ama o en el que se apoya cuando ha recibido su primer beso y sueña con un futuro desconocido, pero que anhela; es el punto en el que dos extraños tropiezan, para mal o para bien,  a los que se les caen los apuntes, se manchan con el café del otro, el agua; es donde has quedado con tus amigos o pareja para después; es muchas cosas y ninguna; es un recuerdo horrible o el mejor de los que han venido a tu mente.

Una esquina puede ser el lugar más impersonal o todo tu mundo durante un sólo segundo o hasta que tu camino haya terminado definitivamente.

Doblé la esquina por la que lo había hecho ella y la magia seguía intacta.

Abrazos literarios.

© 27 Infinitos

4 comentarios en “La esquina

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