Abrazado a ella

contemplo el atardecer desde lo alto.

El sol al mar

y se tiñe en mil colores.

A lo lejos, una gaviota vuela

y la brisa la arrastra.

Abrazado a ella veo las olas

que se mueven al son del viento, de la luna.

La brisa mueve sus cabellos y la luz,

que mengua, los oscurece.

La luna enamorada

vuelve loca a las estrellas,

que tintinean desde lo alto, blancas.

El ruido de los motores se apaga

y sólo se oye el mar, la brisa

y el acariciar de los cabellos lisos, suaves.

Abrazado a ella

recuerdo en mi memoria

largas tardes de verano,

amores, sueños en la noche.

Cantos trae el viento,

que suenan al viejo mar,

al lejano tren, al suave piano,

a sus palabras.

Abrazado a ella

miro cómo parpadean las luces,

escucho ruidos lejanos,

a un pájaro, a la noche.

Abrazado a ella

no siento calor, frío,

sólo vivo un instante en el tiempo,

corro hacia otros mundos en mi memoria

recordándola cómo fue.

Abrazado a ella estuve una tarde,

un anochecer y, ahora,

sus cabellos los mueve

la brisa de mi mente, los siente,

y un amor se pierde en la lejanía

cuando un atardecer tiñe de tonos rojos

el mar,

el anochecer,

al vivir.

© 27 Infinitos

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