A la hora de plantear un texto literario, el que sea, aunque pensemos lo contrario o tengamos dudas, lo principal es tener claros los conceptos que son esenciales: El comienzo y El final de este.

Alrededor de estas ideas principales está lo que vamos a construir, a desarrollar y concretar a través de palabras, frases, párrafos, páginas, capítulos, versos o cualquier otra forma de presentar el texto.

Muchos de vosotros creeréis que es demasiado básico y, en el fondo, es así y esas otras ideas, las esenciales, son las que necesitamos para iniciar el trayecto de crear lo que conformará, finalmente, un texto.

Es por ello por lo que es importante tener muy claro, desde que tomamos la decisión de escribir, sobre qué vamos a hacerlo y, para ello, anotar ideas es algo que nos puede venir muy bien.

¿Cómo lo hacemos? Fácil. Si fuera una receta de cocina, necesitaríamos como ingredientes:

  • Algo para escribir.
  • Algo donde escribir.

Cuando tengamos esto, un inciso. Creo que lo mejor es anotar las ideas en tarjetas, más o menos del tamaño de la mitad de la mitad de un folio, de cartulinas. Podemos tener un taco de ellas y ponernos a trabajar y disfrutar.

Así, podemos escribir en la parte de arriba la fecha y, si queremos ser más concisos, la hora. Luego, anotamos la idea principal en una frase breve a modo de título y debajo, en unas pocas, pocas de verdad, líneas, desarrollamos la idea para que sea una referencia para nosotros clara y nos ayude a recordar la idea principal siempre que volvamos sobre ella.

Debe ser una especie de torrente de ideas que anotamos, de ahí la idea de la brevedad a la hora de escribirlas. Una vez que hayamos acabado, las revisamos, guardamos en una caja y, si lo vemos oportuno, podemos pasar todo el trabajo ordenador, para no perder la información. Lo mejor es dejar esto para otro día, si queremos pensar en ello. Podemos trabajar en este proceso el tiempo que creamos conveniente, pero no debemos extendernos demasiado.

Una vez terminada esta parte, pasamos al trabajo de escoger la idea. En una mesa vacía, el suelo, un espacio libre de distracciones, etc., colocamos las tarjetas y vamos eliminando/rechazando poco a poco cada idea, hasta quedarnos con aquella o aquellas que, para nosotros, son más interesantes y atractivas para escribir.

Las que hayamos desechado, no debemos tirarlas o deshacernos de ellas. Las guardaremos porque pueden valernos para otro texto fue escrito u otro tipo de trabajo. A partir de aquí, ya nos dirigimos a una nueva etapa y volvemos donde hemos iniciado esta publicación. Al tener ya la idea principal clara, podemos centrarnos en cómo queremos iniciar/comenzar el texto literario y cómo terminarlo.

Al tener claro el comienzo/final, de esa idea que hemos elegido sobre la que escribir, el desarrollo que hay entre ambos conceptos nos será más sencillo.

Sin embargo, es importante tener en cuenta el proceso creativo, que puede modificar algo o sustancialmente el cómo nos planteamos ese desarrollo. Es decir, que el desarrollo de lo escrito puede hacer que aparezcan variables en la idea principal, el propio desarrollo, el final o todos ellos.

El proceso literario personal, nuestro estilo a la hora de escribirlo y cómo escribirlo, el punto de vista, el tipo de lenguaje, los recursos literarios, etc., son los que hacen de un texto lo que es y lo que nos hará escritor o alguien que anota palabras sobre papel.

¿Qué eres tú? ¿Estás dispuesto a entregarte?

Abrazos literarios.

© 27 Infinitos

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