A las cinco de la mañana, en plena ola de calor, es imposible conciliar el sueño, sobre todo si el termómetro marca veinticuatro grados y no corre el aire. Sudas aunque no te muevas y el hecho de ducharte en agua fría es un alivio momentáneo hasta que la sensación térmica te abraza de nuevo y no tienes escapatoria.

Dormir acompañado no es una buena idea, poner el aire acondicionado a tope te asegura no seguir sano a la mañana siguiente y un ventilador mueve el aire caliente de maravilla (nótese la ironía). ¿Qué se puede hacer entonces? Nada y cuando digo nada es nada. Se puede soportar, sobrellevar, incluso rezar para que haya una leve brisa, por insignificante que sea y nos ayude en nuestra travesía nocturna del sueño.

Además, ese calor tiene asociado, en muchas ocasiones, el insomnio, algo que, si lo tomamos con un poco de positividad, incluso nos puede venir bien si queremos pensar en algo, concentrarnos en algún asunto que consideremos importante.

Para que nos vamos a engañar. No puedo con ella. Es algo superior a mi. Me deja si fuerzas, sin capacidad de reacción. Los movimientos del cuerpo se vuelven torpes, lentos, cansados hasta llegar un punto en que puedes perder la noción del espacio y el tiempo. Además, y eso es lo que más incomoda, odio la sensación pegajosa de la piel, da igual que lleves  mucha o poca ropa encima. Los poros se abren sin que puedas evitarlo y hay una gota, una sola, que hace que tu cuerpo esté intranquilo todo el rato.

Beber, beber, beber no es la solución. Te hidrata, eso sí, pero no hace que pase la sensación porque todo se desmorona demasiado rápido. En esos momentos es cuando deseas estar tú solo dentro de una piscina con agua fresca, sin nadie alrededor para poder zambullirte y refrescarte al mínimo atisbo de subida de la temperatura, pero no todos tenemos piscina ni podemos pagarla.

Pruebas mil y un sabores de helado, ya sea de crema o hielo, pero nada. Buscas la sombra fuera y dentro de casa… y tampoco. Deseas que el tiempo sufra un cambio brusco y la temperatura baje veinte grados, algo que no sucede. Quieres que corra viento norte, aunque solo sea un poquito, pero el viento se ha ido con la música a otra parte o continente. Nada.

A todo esto le añadimos el aspecto de pueblo de película de vaqueros del salvaje oeste a mediodía, con el arbusto seco pasando por delante de nosotros, en las calles de donde vives, para recordarnos que el calor no dejará de subir, de continuar tocándonos las narices, por ti. Igual un duelo a muerte, con el malo de la película, nos haga pensar en algo diferente…, pero no hay nada que hacer.

El calor lo llena todo, ya sea la casa, la calle, las conversaciones. ¿Quién aguanta haciendo cualquier cosa así? Los dedos se quedan casi sin fuerzas al recorrer el teclado, las palabras se escriben a trompicones y creo que ya no puedo seguir más. Los pensamientos se derriten.

© 27 Infinitos

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