Cuando escribimos un texto literario podemos jugar con la intención o la temática que vayamos a desarrollar. El lector pude creer que ocurre y que desarrolla algo y, a medida que el texto avanza, ese algo va cambiando hasta ser lo contrario o algo completamente diferente de lo que, en un primer momento, habíamos interpretado.

Ese estilo, esa técnica, esa forma de escribir, tenemos que cuidarla y sobre todo, perfeccionarla. A la hora de plasmarla por escrito, tenemos que cuidar el no caer en la incoherencia o de desvirtuar la intención de la idea que teníamos en mente.

Quizá, la mejor manera de llevarla a cabo es hacer un esquema previo en el que esbocemos las ideas y como conectarlas:

  • Paso 1: Cuál es la temática de partida.

 

  • Paso 2: Cuáles van a ser los elementos literarios, los subtemas y/o subtramas que, de manera sutil, van a a ir llevando el texto hacia la temática final

 

  • Paso 3: Cuál es la temática con la que queremos terminar, la que realmente es la principal…

 

  • Paso 4: Esbozar un pre desarrollo lineal del texto, de principio a fin para que tengamos una referencia de la que partir.

 

  • Paso 5: Escribir el texto literario y dejar que sea el propio proceso literario el que siga el esquema y/o que produzca variaciones en el mismo, de modo que lo desarrolle, lo completen, lo modifique, le dé personalidad y lo hagas finalmente tuyo.

 

Mi aportación, para esta nota teórica es este texto.

 

Correr

 

Corro, todo mi cuerpo está concentrado. Metro a metro, zancada a zancada, avanzo con el peso del cuerpo sobre la parte delantera del pie. El movimiento alterno de mis extremidades está medido al milímetro y se mueven de una forma natural, aprovechando toda la energía física.

Hace calor, aunque hace una ligera brisa, y eso produce que mi piel reaccione antes, que mi cuerpo esté mejor y mis músculos estén calientes más rápido. Antes de lo que pensaba, empiezo a notar que alguna gota de sudor empieza a asomar por alguno de los poros. Eso es bueno.

Mi mente está centrada en llegar, pero no de cualquier manera. La primera parte del trayecto es bueno porque es plano y eso me permite calentar bien y prepararme para el repecho que viene a continuación. No puedo bajar el ritmo, ahora debo aumentarlo un poco, aunque sea una cuesta porque, sino, la velocidad bajará demasiado y me costará más llegar. Un pie detrás de otro, los puños cerrados tirando de mi y aprovecho ese ultimo esfuerzo antes de llegar al alto. Lo logré. Ahora es todo cuesta abajo.

Puedo dejarme llevar, pero entonces podría pisar en falso, caer y lesionarme. No, hay que tener cabeza. Controlo la velocidad y la zancada, para no forzar los gemelos ni la musculatura de los muslos. Hay que buscar la postura más adecuada. Lo logro y es entonces cuando puedo centrarme en seguir.

Cuando termina la bajada, hay otra zona plana. Recupero la respiración y puedo volver a aumentar el ritmo progresivamente. Estoy sudando, pero creo que llegaré sin problemas. Quedan unos pocos metros y apuro un poco el ritmo para llegar al final. El último empujón. Hoy todo va perfecto. Llegué, terminé. Estoy cansado. Necesito sentarme y recuperar un poco el aliento. Hoy es un buen día.

Dejo apoyado el bastón en el banco, miro hacia el otro lado de la calle, a la gente pasar junto a mí, frente a mí, sin pararse siquiera a intercambiar un saludo o un buenos días. Me miro las manos y noto las arrugas, las venas que se notan cada veza más. No sé por qué me esfuerzo en pensar que sigo siendo el mismo que cuando era joven y me creo que compito en una carrera, cuando lo que hago es caminar hasta la panadería a comprar el pan. Supongo que no quiero ver mi reflejo en el espejo cada mañana y notar el paso del tiempo.

¡Cómo cuesta sentir que sigues siendo tú cuando tu cuerpo ya no se acuerda de ello! Aquí estoy, sentado con mi vejez que avanza, con el tiempo que ahora va a contrarreloj, pero en el que no me recreo. Llega un momento que asumes que un día el cronometro marcará cero y se acabará tu momento, pero no importa porque lo mejor de todo es el camino recorrido, lo que has hecho en él y las personas que lo han recorrido contigo. Supongo que, al final, siempre deseamos un poquito más.

Mi carrera ya la terminé hace tiempo y ahora disfruto de la victoria cada día. Mi amor se fue hace tiempo y la lloré como lloran los campeones ante la medalla de oro: con la emoción de no creerse todo lo que sucedía a su alrededor, pero pasa. Me sentí perdido sin ella, sin su presencia, sin el roce de su mano y odié al que me dijo que lo sentía, sin expresarlo, porque nadie sabe lo que se siente en ese momento.

Pero luego decidí seguir viviendo y sonriendo a la vida porque yo seguía en el camino por alguna razón y tenía que acabar de recorrerlo disfrutándolo, llenándome de él y de quien apareciera en el mismo.

Ahora voy a cruzar para comprar el pan, disfrutar de este sol, del sabor en los labios de la salitre del mar, el recuerdo de sus besos y sonreiré como siempre lo hago cuando noto el recuerdo de su mirada en la mía. Por ti sigo andando, corriendo en sueños, viviendo, para llegar a tu lado y decirte lo mucho que te he extrañado y contarte tanto, tanto, tanto… No tengas miedo amor, no creo que tarde en regresar a ti. Mientras, te sigo queriendo con cada paso que doy.

Tomo el bastón, me levanto.

Abrazos literarios.

© 27 Infinitos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s