Lo cotidiano, lo habitual, lo normal, también puede ser literario y, además, puede aportar información sobre un lugar, un personaje y puede ser una parte relevante de una trama o de una escena. Lo importante, además de qué se escribe, es la forma en cómo se plasma lo escrito.

Así, pasamos de algo irrelevante a algo que nos muestra algo diferente, matices que nos hacen entender la forma en cómo la realidad es vista por alguien, ya sea el personaje principal, el narrador, etc.

Tú eres quien tiene que escribir, tu eres quien puede plasmar aquello que quieras que llegue al lector.

Luces y sombras

 

Es un pueblo corriente, nada del otro mundo. No es de los que está en boca de otros pueblos, de todos o son famosos por algún evento gastronómico, competición deportiva, un récord absurdo o porque se haya cometido una desgracia. No, solo es un conjunto de casas, algunas más pegadas que otras, con vecinos que se conocen de toda la vida y algunos que llegan y se quedan, sin más; como lo hice yo.

Tiene vida, pero podía tener mucha más de la que tiene. La primavera es hermosa y cuando uno pasea por los campos que lo rodean, encuentra todo tipo de matices en los verdes de la hierba y las hojas, los marrones de los troncos y la tierra, que es más rojiza cuando incide sobre ella el sol o la humedece el agua. Los azules parece que salen directamente de los tubos de pintura, más que de la paleta del pintor, aunque algunos atardeceres, en los que los amarillos se transforman en naranja y este arde hasta ser casi fuego, para luego desaparecer en la noche…, son inolvidables. Yo he visto varios y todavía me emocionan.

Y los cerezos, con sus tonos rosas y blancos son una expresión misma de la belleza de la que podemos disfrutar los que vivimos aquí. Parece idílico todo. Es posible.

Algo que hago habitualmente es caminar entre las calles y levantar la mirada para ver más arriba de la horizontal de mis ojos. Y es ahí donde aparece el otro pueblo, menos amable, más real.

Así, se muestran las paredes al aire, ventanas rotas con las persianas caídas o ligeramente retorcidas. Maderas de las puertas descamadas y balcones en los que apoyarse resulta peligroso. Es la derrota lenta contra el tiempo, que va deshaciendo las paredes de piedras unidas por barro, que se va llevando las gotas de lluvia, el viento que corre entre lo que antes era una casa.

En otros espacios sólo quedan las vigas antiguas de las casas o, incluso, ni eso. Y entonces te das cuenta que no hay tanta vida y te fijas en que las personas mayores son más que los jóvenes o que los niños y sientes que puede que a ti no te toque verlo pero, poco a poco, todo desaparece, incluso el lugar donde vives.., donde vives.

Hay algo que lo hace especial. Cuando llega el invierno parece que todo se ralentiza y desaparece entre las paredes de las casas, el humo de las chimeneas y el calor de las calefacciones. Cuando llega la primavera y todo despierta de nuevo y las temperaturas empiezan a calentar, la gente del pueblo parece que vuelve a la vida otra vez. Lo que era antes desértico empieza a llenarse de paseos, de gente que camina entre las calles, de conversaciones, de risas, de sentarse con la silla frente a las casas creando momentos sociales de familia y amigos, de momentos de música. Es una primavera vital.

Pasamos del letargo a las celebraciones, a las fiestas, a las procesiones y momentos inolvidables en los que se mezclan el calor, las reuniones de amigos, las promesas de los chavales y amores de primavera que duran hasta el final del verano.

Las piedras siguen ahí, calentadas al sol, heladas con el frío del invierno, dilatadas y contraídas hasta que empiezan a quebrarse sin que nadie las escuche, detrás de los estucos y las fachadas recubiertas. Son pequeñas señales de que ya no tienen la misma fuerza, pero siguen sosteniendo algo esencial: la vida de lo que rodean.

Pero cuando nadie las habita, las casas se derrumban, se van muriendo sin piedad porque ya no hay vida dentro que las anime a seguir y se dejan llevar por el tiempo, algo en lo que no habían pensado hasta ese momento.

Así es el pueblo en el que vivo, con sus luces y sombras.

© 27 Infinitos

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