En ocasiones seguro que te has planteado, ya sea porque escribes algunas notas, pequeños textos o versos, si podrías ser escritor, si podrías dar un paso más en eso de la posibilidad de que alguien más te lea y te diga que no lo haces mal o… que deberías hacerlo más.

En esta publicación de hoy, quiero poner sobre la mesa algunas ideas personales sobre las que he reflexionado más de una y más de dos veces. Lo primero que viene a mi mente son algunas preguntas como: ¿Quién decide quién es escritor o no?¿Quién decide si una obra es digna de ser leída o o no? ¿Hay tantos escritores como personas? ¿Existe ese libro que siempre hemos deseado leer para cada uno?

Tú eres escritor y tienes el potencial para ofrecer algo como tal. El primer paso que hay que dar es emocional, ser consciente de que escribes para ti y para los demás porque, si no lo muestras, es como si no existiera. Es, tras ese momento en el que cambiamos el punto de vista sobre lo que anotamos en papel o en un documento en un ordenador, cuando tomamos conciencia de que lo que hacemos no es un entretenimiento y buscamos algo más.

Creo que hay una serie de pasos importantes que aclaran ciertos aspecto a los que hay que enfrentarse y, sobre todo, tener claros. No son dogmáticos, pero pienso que te ayudaran en el camino.

 

Ser escritor

 

Ponte frente a un espejo, real o metafórico, y pregúntate quién eres, si eres esa persona que cuando tiene un lápiz, un bolígrafo, un cuaderno, una pluma o un teclado enfrente, tiene la necesidad de plasmar su mundo interior u otro imaginado, si quiere contar algo a los demás o no.

En caso de que la respuesta sea sí, decide qué quieres escribir, cómo quieres escribirlo y sobre qué quieres hacerlo. Es decir, busca un tema, el que prefieras y encuentra tu estilo. Ya sea prosa o verso, hallarás la forma.

Lo que sí es importante es que escribas, ¿extraño no? Para nada. Si no escribes la primera palabra, pensando y repensando en un inicio perfecto o buscando la inspiración, nunca empezarás el camino. Es la práctica y la rutina, el trabajo diario, el que, además de tu capacidad e imaginación, los que te ayudan y apoyan en el camino. ¡¡¡No los pares!!!

 

¿Cómo ser escritor?

 

¡Buf! Esa es una buena pregunta y la que todos, seguramente, nos hemos hecho en algún momento, llegando a la misma conclusión: NADIE LO SABE.

Sin embargo, hay alguna serie de pasos, elementos y rutinas que nos puede ayudar a enfrentarnos al dilema y salir airosos. Así, ¿por qué no nos sumergirnos en lo que, para mí, puede ser la mecánica que me sirve para ello y que, a lo mejor, te puede servir a ti?

Lo primero de todo, a fuerza de repetirme, es tener un espacio de trabajo, dentro o fuera de casa. Tiene que ser una zona confortable para nosotros, agradable, en la que, cuando escribimos, nos guste estar, por la razón que sea, y nos ayude desde el punto de vista creativo.

Es muy importante reflexionar en un tema: no es lo mismo buscar las musas que las musarañas. No es lo mismo que nos cueste arrancar, comenzar una idea, a que nos escudemos en la idea para no hacer nada o justificarnos hacia los demás. Algo que nos puede ayudar es marcarnos una rutina de trabajo, que no tiene porque ser fija ni de estilo militar. La idea es escribir, pero si no estamos “inspirados” podemos repasar lo escrito u otros textos, leer, etc., lo que, inconscientemente, nos ayudará a volver a centrarnos y encontrar nuevos puntos de apoyos en el plano emocional e intelectual para reconducirnos a escribir. Rutina no significa aburrimiento.

Algo importante en todo escritor es la capacidad que tenemos de seguir formándonos. Esta formación tiene que ver con leer a otros autores, aumentar nuestro vocabulario, buscar otras formas de expresión literaria, incluso acudir a conferencias que puedan interesarnos, ¿Acaso el que escribamos hace que tengamos que aislarnos del mundo o que lo sepamos todo ya? ¡Tenemos tanto que saber, comprender y conocer…!

La inspiración, que para mí el término adecuado debería ser la creatividad personal, se trabaja, al margen de lo rico que sea nuestro interior. Por eso, todo lo que nos rodea puede ser fuente de creatividad para nuestro propósito, para nuestro proyecto.

  • Busca nuevos lugares; ya sean espacios, paisajes, lo que no significa que tengas que irte al polo norte. Normalmente tenemos todo mucho, mucho más cerca de lo que pensamos.
  • Conoce a otras personas y escucha qué dicen, cómo lo dicen…
  • Mira, observa, tomándote algo en una terraza o dentro de un local a otras personas, parejas, familias, y fíjate en los gestos. Imagina su historia o de lo que habla.
  • Anota las ideas que surja. Para ello es importante llevar siempre encima dónde escribir y con qué. Nunca se sabe si te pueden servir o no.
  • Consulta todo lo que sea necesario consultar, no vaya a ser que escribas sobre algo y te equivoques en las referencias.

No dudes a la hora escribir. Puede que lo primero que escribas sea una porquería, ¿por qué no? No importa. Lo esencial es cómo avances y, si tienes que cambiar, retocar o reescribir, hazlo. Tiene que ser lo que quieres escribir tú.

El orden, a la hora de escribir, no está decidido de antemano. Puedes tener claro el comienzo y empezar por él, escribir empezando por el final, saltar de un tema a otro, de un capítulo a otro, de una estrofa a otra. Eso ya es cosa tuya, pero busca siempre un criterio para ello, para no perderte.

Nunca pienses en acabar ni en cuándo terminarlo, sólo en escribir. Un fallo que tienen muchos escritores es pensar en el número de palabras a escribir, de páginas, creyendo que cuánto más o menos mejor. No seas de esos. Cuando tengas que acabarlo lo sabrás y seguro que respirarás de otra manera.

Por cierto, que hayas terminado de escribir tu obra no significa que esté acabada. Vuelve atrás, al principio, ábrela por la primera página y vuelve a leerla con otros ojos, más inquisidores y fíjate en los fallos de ortografía, acentuación, expresión, etc. Corrige todo lo que tengas que corregir, quita lo que sobre o aburra a las cabras en el monte, añade lo que falte o complete aquello que sea necesario y, poco a poco, pero seguro, la tendrás acabada y salida del horno.

 

La torre de Marfil

 

Demasiados escritores o proyectos de escritor creen que, por el mero hecho de escribir palabras bonitas o expresiones que suenen bien o versos que rimen de una forma diferentes, ya son escritores y que los demás mortales están por debajo de su capacidad intelectual y se instalan en una espacio superior, esa Torre de Marfil, que creen destinado a una especie de grupúsculo intelectualoide en el que están unos pocos elegidos, por supuesto entre los que están ellos mismos.

No seas tan estúpido. Disfrazarte o cambiar de imagen no te hace escritor. No te creas mejor que nadie, pero tampoco menos, y no te vuelvas un engreído. Las adulaciones son muy malas compañeras. Cuando uno esta arriba o está subiendo pueden ser una gozada los ánimos. El problema es cuando llegas arriba y te das cuentas que estas sólo y debajo hay todo un abismo en el que no hay nadie. Lo que ves al fondo no son hormigas, son personas.

Cada persona que esta cerca de ti, ya sea tu círculo más íntimo, pero el de verdad, o un lector, merece respeto. Por eso es importante ser generoso, en su medida, con todos y agradecer a todo y todos que hayas podido llegar a una de las etapas del camino, que no a su final.

 

Lo has terminado. ¿Y ahora, qué?

 

Ahora sí que llega el “chau-chau”, como diría alguno que yo me sé. Todo el esfuerzo, el tiempo, etc., que has invertido y volcado en tu obra se ha materializado en algo real, que se puede tocar, ver, leer y oír. ¿Ahora qué? Vale, pongámonos al asunto y concretemos:

  • Registra la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual, no tiene nada que ver con el SGAE u otras asociaciones y, sobre todo, tiene mayores garantías porque este registro queda a nivel mundial, salvo para aquellos países a los que la propiedad intelectual se la “trae al pairo”. Normalmente, en cada ciudad hay una, así que, solo tienes que buscarla. Hoy día, con bucear un poco en internet, la encontrarás. Normalmente tendrás que llevar dos copias de tu obra, rellenar unos papeles con tus datos personales, incluido, si lo deseas, un seudónimo, pagar unas costas, que no llegan a 20€ y luego te sellarán las dos copias con la entrada: día, hora, minuto y segundo en el que lo has hecho. Al poco tiempo te llegará una carta en la que te indicarán si está todo bien — o no, no vaya a ser que quieras registrar algo ya registrado por otro—, junto con un número de registro de tu obra y ya está. Guarda muy bien esos papeles.
  • Busca contactos en editoriales y presenta tu obra. El “no” ya lo tienes

Para terminar esta publicación quiero escribir y decirte algo que tienes que tener muy en cuenta y que te tiene que servir para ayudarte y motivarte:

  • No todos los escritores consiguen el éxito, lo que no significa que no seas bueno y no significa que no seas escritor.
  • Cree en ti y en lo que escribes. No te creas ni mejor ni peor que nadie.
  • Si lo que escribes es bueno, antes o después saldrá a la luz. No te desmotives ni desfallezcas.
  • Apóyate siempre en los que siempre estuvieron a tu lado desde el principio y creyeron en ti.

Abrazos literarios

© 27 Infinitos

4 comentarios en “Eres escritor

  1. Este es uno de esos artículos que me causa un montón de sentimientos encontrados. Justo los pasados meses he participado en no se cuantos certámenes de escritura, en no se cuantas obras y he estado siguiendo de cerca casas editoriales, al punto de llegar a venderle a una mis ideas. Pero luego me entran todos esos cuestionamientos, ¿realmente voy por el camino correcto?, y luego me siento enojada por hacerme esas preguntas. Porque yo escribo por que amo escribir, y claro que hay momentos en los que me gustaría hacer de eso un oficio, pero eso es algo difícil. En fin, ha sido un placer leerte.

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    • Buenas noches, Aubescrit.

      Acabo de leer tu comentario. Muchas gracias por escribirlo. Estoy de acuerdo contigo en la dificultad del camino, en las dudas y, sobre todo, en que las puertas se cierran la mayoría de las ocasiones o directamente no se abren.

      No voy a decirte que te equivocas, no soy de los que endulzan las respuestas. Lo único que te diré es que nosotros escribimos porque nos gusta lo que hacemos, porque amamos cada letra que pulsamos o que resulta del movimiento de un bolígrafo sobre papel. Es una prolongación de nosotros mismos, incluso una necesidad. Sigue adelante aunque te cueste, aunque creas que no sabes por qué seguir, porque eres tú misma la dueña de tu destino y porque no sabemos qué puede ocurrir.

      Tener dudas o miedos es normal. Recrearte en ellas y ellos es lo que nos debilita. Tú eres fuerte y eres escritora.

      No estás sola en el camino. Me gusta pensar que se pueden compartir las experiencias y que estas nos hacen más fuertes. Cuenta conmigo en lo que necesites o en lo que pueda. Y no lo digo para quedar bien contigo.

      Un abrazo.

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